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Guatemala

Guatemala es un país pequeño; quizá, por lo mismo, su sabor es concentrado. Es impresionante la cantidad de opciones que nos ofrece para el asombro: desde la visita a sitios arqueológicos hasta la contemplación de cascadas asombrosas, las caminatas por pueblos indígenas o los recorridos por ciudades coloniales y románticas. Aquí te proponemos una de las mejores rutas –con la ventaja adicional de que se puede realizar en un solo fin de semana–. Seguramente algún día regresarás por más.

Tres días para Panajachel, Chichicastenango y Antigua
Para fines prácticos, empecemos por Panajachel –una noche– y cerremos el recorrido en Antigua –una o dos noches–, con un viaje intermedio, de medio día, a Chichicastenango. La razón de esta ruta es que nos será más fácil regresar al aeropuerto desde Antigua, dado que está a sólo una hora de camino –de Panajachel al aeropuerto, en cambio, hay tres horas, vitales si el vuelo de regreso sale temprano por la mañana–.

Aldous Huxley calificó al Lago de Atitlán como uno de los más hermosos del mundo. El lago reposa a los pies de los volcanes Atitlán, Tolimán y San Pedro, y la belleza del paisaje nos sensibiliza de tal forma que ahí se inicia para nosotros la experiencia colora: la vida se siente más azul que nunca. Panajachel es uno de los poblados que rodea al lago y ahí, donde hace siglos vivieran los kakchikeles –grupo étnico de Sololá–, ahora se concentra la mayor infraestructura turística de la zona. Sugerimos que te hospedes en el Hotel Atitlán, a cinco minutos del centro de Panajachel. Su decoración es estilo guatemalteco. Recordemos que, cuando nos referimos a este estilo –aunque Guatemala sea la cuna de la cultura maya– en realidad hablamos de una fusión entre el arte y mobiliario coloniales, con la asimilación y transformación que hicieron de éstos los indígenas de oficios novohispanos, como los talladores de madera, además de la integración de tejidos típicos de la zona. El hotel es tranquilo y exclusivo, tiene un muelle en el lago y, también, un helipuerto. Lo más atractivo es dar un paseo por sus jardines botánicos, donde una nueva especie de flor nos sorprende cada medio metro.

La calle Santander es la avenida principal. Los bares, restaurantes y comercios más importantes están ahí. Santander desemboca en las orillas del lago de Atitlán, el lugar perfecto para sentarse a admirar el paisaje desde alguno de sus restaurantes.

No hay que olvidar que uno de los encantos más grandes de Guatemala son sus mercados. La particularidad del que encontrarás en Panajachel es que te parecerá todo un paraíso para los neo-hippies porque, aunque se encuentran, desde luego, esculturas de madera o huipiles muy autóctonos, también hay una gran variedad de ropa –pantalones, camisas, chumpas y caites– y artículos de decoración que han combinado algunas tendencias más comerciales con los materiales y el colorido de las telas indígenas, muy del gusto de estos grupos. Hacer compras aquí resulta muy divertido; pero, no lo olvides, hay que guardarse otro tanto para el famoso mercado de Chichicastenango.

Desde Panajachel salen barquitos con distintos paquetes o tours a los pueblos vecinos. Definitivamente, la mañana es el mejor momento para cruzar el Lago de Atitlán hacia cualquiera de sus destinos. Es importante hacerlo en botes grandes porque, aunque el lago se ve muy tranquilo, el famoso xocomil –el viento que ocasionalmente sopla sobre el lago y produce cierto oleaje– logra volcar embarcaciones pequeñas. Un destino inquietante es Santiago, donde se rinde culto a Máximon, una deidad de la cultura maya tzutujil y es posible observar, pagando una módica suma, los ritos que hacen en la casa que lo custodia.

Destino intermedio: Chichicastenango
Los jueves y domingos se instala el mercado indígena más importante de Guatemala, justo frente a la Iglesia de Santo Tomás. La puerta de este templo católico colonial, construido sobre ruinas de templos mayas, parece la entrada hacia un viaje en el tiempo. En el umbral de la iglesia, mayas chuchkajau rezan y queman mazorcas de maíz llenas de copal. Adentro, es difícil adivinar a primera vista si la gente reza a algún santo católico o a una deidad maya; de todos modos, en el ambiente se respira un espeso aire de religiosidad.

En este mercado encontrarás de todo: artesanías, tallados, recuerdos, telas y huipiles de diferentes regiones del país. La explosión de colores contrasta con la blancura total de la fachada de Santo Tomás. Combinaciones audaces y acertadas, así como bordados impresionantes, que hablan del profundo sentido estético de los descendientes mayas, han dado fama mundial a los huipiles guatemaltecos y algunos de éstos son piezas invaluables de colección. Lo mejor será llegar ahí como a las 9 ó 10 de la mañana, para hacer compras y salir al mediodía rumbo a Antigua, que está aproximadamente a cuatro horas de camino –así que llegarás a tiempo para la comida–.

Para finalizar: Antigua
La Antigua Guatemala se encuentra a sólo 45 kilómetros de la capital. Es hermosa y cosmopolita. Esta pequeña ciudad colonial debe recorrerse a pie para que se revelen los encantos de cada uno de sus rincones. Durante la Colonia, y hasta 1773, ahí se localizaba la capital de Guatemala, pero fue devastada por inundaciones y un terrible terremoto, por lo que ésta cambió de sede. Sin embargo, el tiempo no le quitó su belleza y ahora es considerada patrimonio de la humanidad. Aquí se encuentran las iglesias más importantes fundadas por los españoles en Guatemala: la antigua Catedral, la Iglesia y el Convento de La Merced, el Convento de Capuchinas y el de Santa Clara, entre otros. Hay un lugar muy íntimo para hospedarse, ideal si tu viaje tiene fines románticos: el Lions Inn Hotel. Éste se encuentra en un plantío cafetalero, a tres cuadras de las mejores tiendas y restaurantes, y a cinco minutos del centro. Sólo tiene cinco habitaciones, cada una con chimenea. La atención es extremadamente personalizada, lo que hace que sus huéspedes se sientan como en casa. Las reservaciones deben hacerse con mucha anticipación.

Para comer y cenar, hay lugares para todos los gustos. El centro y las calles aledañas están llenos de opciones gastronómicas, pero si buscas alta cocina, definitivamente debes ir al Hotel Casa Santo Domingo, además de que puedes recorrerlo para admirar su construcción colonial y las ruinas mayas que guarda. Si quieres ir a un sitio romántico y divertido –por la cantidad y calidad de dichos populares que encontrarás escritos en las paredes– a probar la deliciosa comida típica guatemalteca, entonces no puedes perderte la Fonda de la Calle Real. Para la comida pide un cak-iq, una piloyada y un subon-iq de pollo o res acompañado de “frijoles volteados”. Para el postre, no dejes de probar los típicos plátanos en mole.

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