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Monterrey

A Gabriel García Márquez le gusta La Sultana del Norte. En diversas ocasiones se ha visto al popular Premio Nobel de Literatura aparecerse por Monterrey, bailar cumbia –colombiana, claro, pero al ritmo de Celso Piña–, compartir un auditorio con universitarios o simplemente, dar un paseo por sus regias avenidas.

Y es que no es para menos: la ciudad y sus habitantes son una constante invitación para hacer de una temporal estadía, una relajada permanencia voluntaria. En sus calles se vislumbra el modernismo, el orden y ese constante empuje por lograr ser del Primer Mundo. En su gente se mezclan añejadas costumbres con una insistente búsqueda de las tendencias en boga, sea en el orden social, deportivo, cultural o de vida y estilo. Si visitas este destino, abre bien los ojos, ya que Gabo puede estar dándose una vuelta por la ciudad.

Del examen al reventón
Sabemos que Monterrey se caracteriza por haber fundado algunas de las más prestigiadas universidades del país y que cuenta con el nivel educativo más alto en México. Es la ciudad con más colegios, institutos y universidades tecnológicas per cápita. Para darnos una idea, aquí se encuentra una de cada cinco de las computadoras de nuestro país.

Gran parte de la agenda regia, en cuanto a vida cultural y social se refiere, sucede a partir de estos recintos del saber. Y, si de verdades se trata, hay que reconocer que la escuela más in sigue siendo el Tec –Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey, ITESM–, por su tendencia hacia la investigación y el avanzado uso de la tecnología… ¡Los regios sí estudian!

En otro ámbito, el que se refiere al reventón y salir con los amigos por una, dos… o cuantas cervezas se aparezcan en la noche, Monterrey se jacta de ser uno de los mejores destinos para las mentes descocadas. Todos los miércoles, viernes y sábados, estudiantes, ejecutivos y todos aquellos que quieren unirse a la verbena nocturna, salen en busca de aventura. La mayor cantidad de bares y antros se concentra en el Barrio Antiguo –en el Centro–, que son las primeras calles de la ciudad. Los otros están ubicados en el acaudalado suburbio de Garza García. Pero en definitiva, aquí el rock ‘n roll nocturno no pertenece a los lugares, sino a la gente.

La cerveza y el tequila aparecen como líquidos indispensables para sofocar las gargantas más sedientas de la noche, acompañados de ritmos que van desde las norteñas, hasta las top ten del pop internacional… ¡Los regios también se revientan!

La gente suda, grita y deambula por cada uno de los lugares, tomando algunos tragos y bailando dos o tres piezas; luego, la marcha continúa en dirección al siguiente templo del descontrol.

Algunos antros de moda son, sin lugar a duda, el Far West –rodeo–, el Río Latino –música variada– y el Café Iguana –música alternativa–.

Por lo general, una noche de juerga puede acabar cuando el cansancio se apodera de los concurrentes, cuando el dinero se acaba o cuando los elíxires de la vida dejan de suministrarse. Eso sí, recuerda que aquí no se puede ir vestido como springbreaker playero. Algo que cuida mucho el regio es la apariencia. ¡Í iñor!

Caminar, comer y beber
En Monterrey es común que la gente realice paseos a la hora de la comida, pasando por diversos restaurantes, malls o plazas públicas, por ejemplo, la Macro Plaza. Como turista, también puedes darte una vuelta por aquí. La combinación es de monumentos, edificios coloniales y construcciones de arquitectura neoclásica y contemporánea, y se extiende desde el Palacio Municipal, hasta el inicio del Parque Hundido.

Algunos de los puntos de interés de los alrededores son el Museo de Historia Natural, el Museo de Arte Contemporáneo (Marco), el Teatro de la Ciudad, la Explanada de los Héroes y la Catedral. Frente a esta última se encuentra el Faro de Comercio, creado por Luis Barragán. No te pierdas su vista de noche: sus 69.80 m de altura son alumbrados con un rayo láser de color verde esmeralda.

Es común ver chicos en patineta, mientras que las extravagancias permiten ver a jóvenes románticos echar apasionados besos en medio de grupos de música norteña y también a nostálgicos y pertinentes contadores de historias, que venden algodones de azúcar o helados de carrito.

Los sábados que no pasan en balde son los que se consagran al futbol, la carne asada y la cerveza. La sugerencia, para cumplir con la tradición regia, es que realices “la tríada de la gloria”: comer un cabrito –asado lentamente, sobre leña de mezquite– para amainar los ímpetus del estómago; visitar el estadio para apoyar con severas porras a los Rayados –el equipo de casa–; y mantener la cerveza Carta Blanca siempre a tu lado, para seguir la juerga o para echar la dormilona.

No sería extraño que, en tus andanzas por aquí, escucharas ciertas palabras extrañas a tu oído. Se trata del caló regio; una forma de comunicarse exclusiva del norte. Recuerda que “a donde fueres, habla con las palabras que oyeres”: “Huerco” es niño; “pelao”, “bato” y “primo” son formas de designar a alguien, un tipo, quien sea; “aparcar” es estacionarse; “compare” es como le dicen al amigo; “raza” es todo un grupo de personas; “chúntaro” es alguien raro, que gusta de música igualmente rara.

Hablemos de negocios
La ciudad fue fundada en 1596, con la idea de forjar una comunidad de negocios líder en México y, ciertamente, esto se ha logrado: Cervecería Cuauhtémoc, Fundidora de Fierro y Acero de Monterrey son tres de las industrias más importantes del país, nacidas en la capital de Nuevo León.

Queda claro: aquí los chicharrones que truenan son los de los industriales y empresarios, que manejan y dan movimiento a la comunidad, incluyendo la vida política de la región. Se dice que todos ellos poseen una rigurosa puntualidad inglesa y no toleran el retraso; esto, más que una verdad, es –digamos– la pura fama. En realidad, los negocios se cierran en los bares y las relaciones públicas, en el campo de golf.

Ellos visten con traje y corbata, cuidando que la apariencia sea impecable. Ellas, de traje sastre, lentes oscuros –a manera de diadema– en el cabello y celular de moda a la mano.

Eso sí, después de ir a comer con el jefe los viernes, es prácticamente imposible tener la tarde libre y, por más “alegre” que ande uno, aquí se trabaja tiempo completo. Qu’esto, que l’otro, ¡salú, salú!

Tendencias del bon vivant
Si bien es cierto que Monterrey posee tradiciones nacionales muy arraigadas, también lo es que adopta una serie de costumbres como resultado de su cercanía con Estados Unidos. Una de ellas: la bien amada cultura del shopping. Esa noble y terapéutica actividad de sublimar la neurosis citadina posee un especial sentido en esta ciudad. Aquí se desatan pasiones cosmopolitas por todo lo fashion, desde las últimas tendencias de la moda hasta el buen gusto por lo clásico. Las tentaciones del look ya se ven respaldadas por las marcas más prestigiadas del mundo. El visitante tiene opciones que abarcan desde los centros comerciales hasta las tiendas y boutiques exclusivas, como las recién abiertas Louis Vuitton, Ferragamo, Hugo Boss, Fendi y Versace.

Y qué decir de los restaurantes de moda, los cuales presumen de contar con los más reconocidos chefs de todo el país, como La Vikina y El Barbastro, listos para deleitar hasta los paladares más exigentes. Si vas a Monterrey y no comes cabrito asado en El Rey del Cabrito, mejor ni se te ocurra presumir de tu estadía por allá.

Como contra-cara, en el área cultural, la tendencia es acudir a eventos y exposiciones donde el jet set de las artes y la vida intelectual se da su vuelta para hacer crítica y, de paso, por qué no, echarse uno que otro vinito. Los lugares in de este círculo son la Cineteca / Fototeca, el Centro de las Artes y el Museo Marco, entre otros.

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